Editorial


 

 

APOSTEMOS POR UN CLIMA DE CONCORDIA.

Por: Eduardo Lastra D. (*)

 

 

Los conflictos actuales que se manifiestan en las calles y en los titulares periodísticos sirvan para recordar que, la vida de una sociedad tiene que ver con una interrelación compleja de los aspectos económicos, políticos, ideológicos y sociales.
Sin embargo, y lamentablemente, quienes debieran tener presente el sentido estratégico de sus decisiones, las olvidan con frecuencia, generando situaciones de inestabilidad y de incertidumbre, que a la larga no hace más que agravar nuestro atraso.
Conviene recordar que la construcción del Desarrollo requiere de la credibilidad y confianza entre los agentes económicos y los grupos políticos y sociales, y por cierto entre las personas que interactuamos en la vida cotidiana.

Vemos con frecuencia que las autoridades y técnicos que tienen que ver con el aspecto económico de la sociedad, cuando piensan y aplican las medidas puramente económicas descuidan sus vinculaciones e implicancias con los otros campos señalados (político, ideológico y social). Un ejemplo lo tenemos con la privatización; que siendo en sí misma una medida básicamente positiva para modernizar la economía, su aplicación “a rajatabla”, sin atender las particularidades del contexto socio-político origina problemas de mayor envergadura en toda la nación.

Estamos de acuerdo que la privatización es importante, pero quizá más importante es que hay una aceptación consensuada de esa importancia. Es aquí que aparece una obligación fundamental para la democracia: el diálogo, y un objetivo clave para la gobernabilidad: el consenso. 
Gobernar es también preocuparse por la armonía social, y no sólo por la generación y distribución de la riqueza material. Recordemos esto, apropósito de la denominación del año que está transcurriendo: “Año de la Verdad y Reconciliación”. La Verdad, para decirnos cara a cara cuál es nuestra situación y cuáles las reales posibilidades de lograr nuestras aspiraciones. La Reconciliación, para que luego de la confrontación de nuestras discrepancias, encontremos puntos de acuerdo y la nobleza para perdonarnos, y así unir esfuerzos en la lucha contra la pobreza.

Es cierto que en el exterior, los inversionistas no le dan mayor relevancia a los “ruidos políticos” que se vienen dando en Perú y siguen viendo con expectativa favorable nuestras cifras macroeconómicas, que son las mejores respecto a otros países de América Latina. Pero al interior, sabemos que los muertos, los heridos y las perdidas materiales producidos por los desmanes (que no avalamos) los vivimos en carne propia y ahondan nuestras angustias sociales.

Entonces, es tarea de las autoridades y de los dirigentes políticos, empresariales y laborales fomentar y mantener una actitud de diálogo civilizado, en medio del cual se puedan encontrar las fórmulas imaginativas de solución a nuestros problemas. Para ello, también es clave decir la verdad, respetar nuestra palabra y apostar por un clima de concordia.

(30 de Julio de 2002)

 

(*) Director de la Revista Avance Económico y presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial, ILADE.
 

 

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