Editorial


 

 

LA NUEVA GERENCIA EN EL DESARROLLO EMPRESARIAL.

Por: Eduardo Lastra D. (*)

 

 

X CONGRESO NACIONAL DE ESTUDIANTES DE INGENIERIA INDUSTRIAL
14 AL 19 DE JUNIO DE 1999
“Una nueva visión para asumir retos y vencer desafíos”

Conferencia: “LA NUEVA GERENCIA EN EL DESARROLLO EMPRESARIAL”
Expositor: Eduardo Lastra Domínguez

En primer término permítanme expresar mi satisfacción por estar entre ustedes, en esta actividad académica de gran trascendencia; así mismo, agradecer a los organizadores por la gentileza de haberme invitado para desarrollar el tema “La Nueva Gerencia en el Desarrollo Empresarial”.

1. Lo antiguo, lo nuevo, lo permanente.

En el título de la presente conferencia encontramos el adjetivo “nueva”, que perfectamente puede generar en ustedes expectativas de escuchar de mi parte experiencias, conceptos y planteamientos absolutamente desconocidos para ustedes. Porque, efectivamente, el adjetivo “nuevo” se refiere a lo reciente, que se oye por primera vez, algo diferente, recién llegado, o muy poco usado.

Además, hay toda una predisposición para “renovarse”, queremos experimentar cosas nuevas. Nuestra lucha contra la rutina nos lleva fácilmente a la aceptación de “novedades”. Queremos estar a la “moda”; total, la moda no incomoda ¿verdad?. 

Así, ni bien terminamos de conocer, mucho menos de comprender, determinada “nueva” teoría o método, ya estamos en la desesperada búsqueda de lo “moderno”, de lo “ultimito”, quizás impulsado por aquello de que renovarse es vivir.

En esta parte, debo aclarar que no estoy en contra de la actualización y la innovación, que ocurrencia. Solamente queremos llamar la atención, respecto a esa conducta generalizada de personas e instituciones, por la cual los fundamentos de la vida, las leyes permanentes de la propia naturaleza, los principios éticos son a veces olvidados, y por buscar la felicidad terminamos no siendo felices. Bien se dice que “no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde”.

También es cierto que en esta vorágine, hay una especie de reciclaje, pues lo que antes fue nuevo y se hizo viejo para luego quedar en el desuso, reaparece con ciertos retoques y muchas veces sin ellos, como si fuera el más reciente descubrimiento, por ejemplo.

En este punto, recuerdo una anécdota familiar: hace siete años, mi hija estaba -además de embelesada, por supuesto- convencida que el cantante argentino “Pablito Ruíz”, era el autor de la “flamante” malagueña, canción mexicana, que yo escuché por primera vez hace 40 años. Ya en el campo académico, tengo otro caso, seguramente que ustedes recuerdan esa clasificación, que alguien hizo, de las personas por su liderazgo: “Hay tres clases de gente en el mundo: los que hacen que las cosas sucedan, los que sólo ven las cosan que suceden y, finalmente, aquellos que no saben ni lo que está sucediendo”. Pues, he escuchado que esta clasificación se la atribuyen a John Kenedy, a Miguel Angel Cornejo, a León Trathemberg, entre otros. Pero a quien realmente le pertenece es al que fuera canciller de la Universidad de Columbia, señor Nicolas Murrey Butler, que la acuño a inicios de los años 60.

Bueno, en la vida diaria siempre estaremos conjugando lo antiguo con lo nuevo. En este proceso dialéctico, creo que lo más importante es saber que se da una retroalimentación dinámica y constante, de lo que ocurrió con lo que esta sucediendo, y que de ello surgirán otras realidades, que aun mejoradas tal vez no difieran demasiado de lo que ya existió en el pasado. Me impresionó mucho el título de una película: “Recuerdos del Futuro”, basada en el libro del mismo nombre del periodista Erich Von Danniken, cuya tesis es que nosotros somos resultado de la desaparición de culturas superiores, que estuvieron en el mundo antes que nosotros y que alcanzaron un alto desarrollo tecnológico, que nosotros ni siquiera soñamos actualmente; por eso no podemos comprender la existencia de Machu Picchu, de las pirámides de Egipto, de las estatuas de las Islas de Pascua, esto, porque los queremos interpretar con “ojos modernos”. 

Sería interesante, entonces, que nuestra búsqueda de lo moderno y de lo nuevo no nos haga perder la perspectiva de lo antiguo, porque demás, hay cosas que como el vino mejoran con el paso del tiempo, y que ciertamente, las cosas buenas no cambian.... o por lo menos no debieran cambiar.

Sin embargo, es conveniente recordar la evolución de los pensamientos y técnicas de gestión empresarial, que a través de libros, artículos, seminarios y otros medios de comunicación nos han venido llegando como “novedades” de los países desarrollados. Últimamente, dentro del llamado proceso de globalización, estos conceptos y técnicas gerenciales y empresariales están más presentes incluso como práctica, por la presencia de empresas transnacionales, que actúan en nuestro medio.

Así, en las décadas de los 50 y 60 supimos de: El procesamiento de datos a través de computadoras, las técnicas cuantitativas, la dirección por objetivos, las teorías participativas, la diversificación, la gerencia de productos, las teorías psicológicas y psicoanalíticas, la administración matricial. En la década de los 70 se habló de: Planeamiento a largo plazo y presupuesto por programas, presupuesto con base cero, teoría Z y círculos de calidad, la curva de la experiencia, el planeamiento estratégico, la matriz del Boston Consulting Group. En la década de los 80 los temas fueron: La excelencia, la estrategia competitiva y las ventajas competitivas dinámicas, la cultura compartida, el "achique" de estructuras, el “intrapreneuring”, el “intrepreneuship” y la calidad total. En la década de los 90 hablamos de: La reingeniería de los procesos, el enfoque sistémico, las alianzas estratégicas, la fidelización del cliente, entre otros temas.

Como hemos sugerido, cada uno de ellos tiene su valor intrínseco y sus respectivas posibilidades de adaptación a las realidades de países “emergentes” y “pobres”, y por supuesto que a sus respectivas empresas.

Lo inteligente es reconocer la inconveniencia de su utilización por “simple moda”.

El desafió permanente es aplicar la “novedad” de acuerdo a nuestros propios objetivos empresariales de corto, mediano y largo plazos, que a su vez estarán en función de nuestras realidades financieras y de nuestro entorno socio económico. 

2. El desarrollo Empresarial

Nuestro tema también nos obliga referirnos al desarrollo empresarial. 

Pues bien, creemos que la actividad empresarial, entendida como la acción integrada de recurso humanos y físicos, para entregar determinados productos para la satisfacción de las necesidades de la sociedad, es importante. 

Las empresas, sean estas privadas, estatales, municipales o cooperativas, tienen determinadas responsabilidades y funciones que cumplir. Y que ello sea así depende a su vez de la tarea gerencial.

En el ámbito de la propia empresa, las actividades que ella realiza debe permitirle un sano y constante proceso de acumulación que le garantice el crecimiento sostenido de su patrimonio; pero además, del incremento económico y de su poder financiero, no podemos hablar de desarrollo empresarial si la organización como estructura de procesos y de equipos humanos de trabajo no se consolida con criterios de flexibilidad; algo más todavía, la empresa como entidad creada para permanecer indefinidamente, no estaría en condiciones de asegurar su avance hacia la materialización de su visión y misión, si no atiende el desarrollo personalizado de cada uno de sus integrantes; el apostar -y por tanto invertir- en el capital humano es una de las acciones estratégicas de cualquier empresa. 

Entonces, la gerencia tiene que preocuparse de que la empresa tenga resultados totales positivos (las cifras en azul), que como organismo vivo y dinámico se vaya fortaleciendo cada día, y que cada persona que la conforma, compatibilizando sus objetivos individuales con los de su empresa, se desarrolle a su vez de una manera integral.

Con relación al entorno, se habla de la responsabilidad social de la empresa. En este campo, muchos sostienen que la primera responsabilidad social de la empresa es que esta sea competitiva como unidad productiva en sí misma y dentro de la rama productiva de actividad. De manera que, la empresa ya estaría cumpliendo socialmente con el solo hecho de entregar los productos que elabora con calidad y a precios precisamente competitivos.

Pero actualmente las empresas saben ya que lo anterior no basta, también deben reparar y mejor aún no ocasionar daños al medio ambiente; la preservación de la ecología se ha incorporado al momento de la formulación de los proyectos de inversión, con los estudios de impacto ambiental, cuyos resultados pueden significar inclusive la no autorización de empresas altamente rentables.

En el campo educativo, las empresas toman cada vez más conciencia de que su participación va más allá del entrenamiento de su propia fuerza laboral, para convertirse en verdaderas escuelas de la sociedad, que ínter actúan con las instituciones educativas, tanto para enriquecer la educación básica, cuanto para contribuir con el perfeccionamiento tecnológico.

La capacidad de influir en su entorno de una empresa desarrollada, también abarca al campo propiamente político. No sólo debido a la posición dominante que pueda tener una empresa, existe la posibilidad de su influencia en decisiones de política económica, sino por la viabilidad de los planteamientos que pueda hacer al debate nacional, en cuestiones de interés de la colectividad en general. 

3. Lo nuevo en la Gerencia

Este gran compromiso de la empresa, de desempeñarse de tal modo que logre su propio desarrollo como ente abstracto, que consiga el desarrollo de sus integrantes como seres humanos concretos y contribuya con el desarrollo de la sociedad donde se desenvuelve, se transforman, en último análisis, en responsabilidades y tareas de la gerencia. 

El término “gerencia” puede entenderse como la masa crítica de personas con puestos de dirección o como el cargo responsable de la conducción de toda la empresa. Como fuere, cada connotación no excluye la responsabilidad de quien habrá de ejercer el liderazgo del equipo por ser el representante legal.

El trabajo que tiene un gerente es complicado, complejo y laborioso. Veamos esto ayudándonos con un par de definición o concepto de lo que se entiende por gerencia:

La primera dice: “Gerenciar, es guiar recursos humanos y físicos, hacía unidades de organización dinámica, para el logro de objetivos a satisfacción de quienes se sirve, y con un alto grado de moral y sentido de logro de parte de quienes brindan el servicio”.

La segunda señala: “Gerenciar, es hacer que la empresa se desempeñe con eficiencia, eficacia y efectividad”.

Efectivamente, el gerente debe hacer que los recursos humanos y físicos se integren de manera dinámica y flexible para adecuarse a los cambios internos y externos de la empresa. En este terreno, los aspectos como economía de los recursos, atención de los detalles, eliminación de los errores, son fundamentales. Este el campo de la eficiencia, el de producir con calidad y a cada vez con menores costos.

Para lograr los objetivos empresariales, se requieren los conceptos y técnicas del planeamiento; pero no solamente para definir lo que queremos lograr, sino para hacer que quienes han de conseguir dichos objetivos los internalicen y se comprometan con ellos. Fomentar esta actitud productiva y de realización, es el ámbito de la eficacia.

Sin embargo, los alcances de la responsabilidad gerencial no se circunscriben a hacer lo que tenga que hacerse y a hacerlo bien, sino que debe preocuparse por conseguir que los usuarios de sus productos se sientan realmente satisfechos. Pero, su preocupación no sólo habrá de centrarse en la satisfacción de su mercado objetivo, trasciende –como ya se señaló- al impacto que la empresa puede causar en el medio ambiento físico y social donde opera. Este es el tema de la efectividad.

Pero, hay más, un gerente no puede dormir tranquilo porque sus productos son buenos, bonitos y baratos, porque sus clientes están satisfechos, agradecidos y le son fieles, porque la sociedad le reconoce a su empresa, liderazgo y contribución al bienestar de la sociedad. 

Un gerente moderno, tiene que conseguir que las personas que trabajan en su empresa, además de satisfacer sus necesidades básicas, deben sentir la alegría de pertenecer a esa organización y efectivamente crecer como seres humanos en sus dimensiones intelectivas, emotivas, volitivas y éticas.

Para realizar esta descomunal tarea, el gerente moderno tal vez no tenga que estar, precisamente, en búsqueda de lo nuevo (sin desestimarlo naturalmente), por el contrario puede ser que en lo antiguo encuentre la inspiración, el criterio y hasta la técnica para lograr sus objetivos gerenciales y los objetivos empresariales.

Lo permanente, es que el gerente acepte que desde su posición puede - y debe – contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas, haciendo que el trabajo no es enajenante sino fuente de auténtica realización personal. 

Nosotros abogamos por una gerencia ética. Con liderazgo trascendente.


Muchas gracias.
ELD/14-Jun-99.

 

(*) Director de la Revista Avance Económico y presidente del Instituto Latinoamericano de Desarrollo Empresarial, ILADE.
 

 

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