¿KRAMER VS. KRAMER?.

Por: Patricia Teullet.
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(19 de Diciembre del 2006)

 

 

Demasiadas veces durante las últimas semanas hemos escuchado cosas como: "El Perú tiene una oportunidad única en su historia; ha realizado una transferencia democrática en medio de un momento de crecimiento económico y, además, con buenas perspectivas futuras". La información disponible lo confirma: 65 meses de crecimiento continuo, reducción del riesgo país (con posibilidades de alcanzar pronto el grado de inversión), proyecciones para cerrar el año con una tasa superior al 7%, exportaciones que superan los US$ 20.000 millones, crecimiento de la recaudación (lo cual significa recursos para inversión pública), crecimiento del empleo y ¡hasta descubrimiento de petróleo! (aunque digan algunos que es demasiado pesado, mala no ha de ser la noticia). 

Y con un dinamismo en el Asia que sigue manteniendo elevados los precios de nuestros productos de exportación, el futuro inmediato también parece promisorio. Frente a esa oportunidad, nuestro Congreso propone dos barbaridades (esta es la palabra más suave que encontré para calificarlas): la estabilidad laboral absoluta, que, según los expertos, en realidad ya ha sido impuesta por el Tribunal Constitucional haciendo "interpretaciones" de la Constitución y yendo por encima de sus facultades; y el regreso a la Constitución del 79, dejándonos en la absoluta precariedad que significa una vuelta al pasado, a un mundo en que no existían ni los celulares, ni el Internet; a una época en la que una línea telefónica era herencia familiar, las empresas estatales se hacían cargo de la provisión de transporte, comunicaciones, producción y la comercialización de minerales y también de alimentos, la venta de energía y el otorgamiento de créditos (aunque no siempre de la cobranza).

Sabiendo que estas iniciativas hacen retroceder al Perú, ahuyentan la inversión que tanto necesita y lo ponen en riesgo de perder esa "oportunidad histórica" para dar el gran salto y empezar de una vez por todas la larga tarea de eliminar la pobreza, aprovechando que ahora sí hay recursos disponibles, no sería de extrañar que las iniciativas vinieran de quienes tienen interés en generar caos y perpetuar la inestabilidad. Lo que no se puede entender es que las zancadillas (nuevamente la palabra más suave que encontré) vengan, en el Congreso, del propio partido de gobierno. ¿Por qué?.


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