UNA VISIÓN SOBRE EL PERIODISMO DE HOY EN CHILE

Por: Patricio Ayala M.

(18 de Diciembre del 2002)

 

 

A lo largo de los años, una serie de rasgos han ido conformando la esencia de la actividad periodística. El elemento primario tiene que ver, naturalmente, con su misión, su objetivo. Consiste éste, por un lado, en exponer lo que ocurre en la sociedad; por otro, en una reflexión sobre lo que ocurre. Lo primero se especifica por aspectos ya clásicos: ¿qué? ¿quién?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo? ¿por qué?. Ningún aprendiz de periodista podría obviarlos. Lo segundo incorpora otros elementos: el contexto (temporal, espacial, factual...), las fuerzas e intereses en presencia, el trasfondo político-ideológico-filosófico, etc. 

En la tradición de grandes periódicos norteamericanos, entre otros, ambos enfoques están disociados. El reportero entrega los hechos brutos, la materia prima de base: la noticia. El cronista, el periodista-investigador, el columnista, sobre la base de hechos explícitos, reflexiona sobre su significado profundo, su impacto, sus antecedentes, sus consecuencias eventuales: el análisis. El lector informado puede hacer así la distinción necesaria entre hecho y opinión. A partir de aquél, puede extraer sus propias conclusiones; puede compartir o rechazar ésta. 

Existe, de esta manera, un pacto implícito de honestidad del periodista con el lector. Aquel se dirige a éste como ciudadano y no simple consumidor. Este respeta al periodista como profesional con las dotes técnicas y éticas requeridas. 

Lo anterior presupone ciertas premisas esenciales, exigibles al periodista: 
· Búsqueda y acceso a las fuentes, amén del deseo y la libertad para acudir a ellas y extraer lo significativo 
· La cultura, la formación y la experiencia indispensables para ser capaz de tener opinión propia, y la entereza para emitirla 
· La capacidad de hacer abstracción de lo ideológico: evitar la opinión preconcebida, aquella emitida antes de conocer los hechos -todos los hechos- y de reflexionar sobre ellos. 
· La libertad intelectual, de conciencia, y la posibilidad de ejercerla sin temor a represalias en una sociedad democrática. 
Los periódicos son empresas. Pero, en muchos loables casos, sobre todo en países desarrollados. sus propietarios han comprendido que se trata de empresas de esencia muy particular. Contratan a los mejores administradores y periodistas y establecen las reglas del juego: ustedes hacen el periódico, yo controlo el balance financiero a fin de año; yo invierto, ustedes producen. Y la línea editorial cabe en pocas palabras: el respeto por la verdad. ¿Será propio de los empresarios verdaderamente grandes -en magnitud y espíritu- acceder y aplicar este enfoque?

Debilitar a las instituciones 

Distinta es la realidad en nuestros países en desarrollo, sobre todo en Chile. 
Aquí, la prensa, mayoritariamente en manos de grandes empresas, es un producto que no sólo debe venderse y generar ganancias. 

Es también, y sobre todo, un instrumento de lucha ideológica y política. Debe convencer al consumidor de una determinada concepción de la sociedad y de una particular manera de entender y reaccionar ante la coyuntura diaria. 
Los grandes diarios son expresión pura y simple de los intereses del empresariado y de su vertiente político-partidista. 

Esa defensa es su línea editorial. Todo bien encubierto con mucho deporte, páginas sobre tecnología, vida de las figuritas del jet-set, medio ambiente, etc. 

Alejar a la gente de la cosa pública Debilitar las instituciones representativas mediante el desprestigio de su labor y de sus representantes. Cada semana elegir una víctima propiciatoria. Cada día presentar con distinta salsa y gráfica la misma noticia. Repetición machacona del fondo, variedad formal. Disfrazar de noticia un cóctel de hechos seleccionados, incompletos, con semi-verdades, insinuaciones, interrogantes con respuestas teledirigidas, opiniones disfrazadas, con infaltables fuentes anónimas. Eficiente uso del juego infantil del "chocolate o menta": "Sr. Parlamentario, Sr. Ministro, Fulano dijo tal cosa de usted, ¿y usted que opina?". Y la trifulca se arma. Siempre resulta. 

He ahí el programa de socavamiento lento, pertinaz, sistemático. 

Es prensa de la gran batalla y de la pelea de callejón. En el fondo, no en la forma. 

Respetuosa en los términos, no lo es con la verdad. El recurso recurrente a misteriosas fuentes permite pasar infundios por supuestos hechos, comentarios y análisis; si se quita la supuesta fuente, todo se derrumba. 

Sabido es que el debilitamiento de las instituciones socava la democracia. Y prepara futuros inciertos, de tonos grises y oscuros. 

Mala cosa es para la prensa cuando caballeros de industria se interesan en ella... sobre todo cuando sus fortunas nacieron o renacieron en días oscuros para nuestro país. 

Los medios alternativos, impresos o virtuales, son una esperanza que se insinúa cada vez con mayor fuerza. Los lectores-clientes-ciudadanos, tenemos la palabra. Que los periódicos sea cada vez más asunto de periodistas en lo técnico-profesional. Que los propietarios se preocupen cada más sólo de los balances de la empresa periodística.


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