¿SERVIRÁ EL ITF A LA EDUCACIÓN?.
Por: Percy Aquino Rodríguez (*)
(24 de Marzo del 2004)

 

 

Pocas veces un tributo como el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) resultó tan controvertido. Quienes sugieren que no se aplique llegan a decir que la presión tributaria ya aumentó y por tanto más impuestos resultarían innecesarios. Quienes lo reconocen como un "un mal menor" señalan que es casi la única forma de conseguir el urgente financiamiento que necesita la educación y los sectores sociales que deberían ser prioritarios pero que siguen marginados.

Los afectados, no los bancos ni lo grandes empresarios en este caso, sino los usuarios de las transacciones financieras, piensan que este impuesto es la forma menos complicada de recaudar, no obstante que contribuye a la inequidad de la política fiscal. Eso en realidad ya no es novedad porque la mayor fuente de recaudación, el IGV, grava sobre todo a los consumidores que menos tienen.

¿Qué piensan los maestros y la comunidad educativa? Los docentes seguramente argumentan que los impuestos deben recaer en quienes más ingresos tienen y destinarse, por supuesto, a aumentar sus magros salarios. Las autoridades universitarias apoyan el ITF porque confían que será un tributo redistributivo que servirá también para mejorar los alicaídos sueldos de los docentes de las universidades.

El ITF no cumple del todo con la característica de equidad fiscal (si es que algún impuesto en el Perú tiene esa virtud), porque podría haber gravado con una mayor tasa o con un mayor monto a aquellas transacciones mayores, no a aquellas mediante el cual el empleado cobra su sueldo o el pequeño comerciante realiza una venta. Pero el ITF, ante la ausencia de una reforma tributaria que permita elevar la presión tributaria a niveles cercamos a los internacionales (20%), parece más que un mal necesario, una pequeña tabla salvavidas para actividades como la educación.

Por supuesto que hay alternativas de mayor alcance para aumentar la base tributaria y lograr que las exoneraciones tributarias no sean un reino para aquellos que tienen mayores ingresos. Pero este gobierno no las aplicará, y a este paso no podremos llegar al ansiado 6% del PBI en educación cuando termine el 2006 el gobierno de Alejandro Toledo. Posiblemente se necesitarán no una sino varias tablas salvavidas como el ITF para que la educación no se ahogue, siempre y cuando, claro, que un porcentaje importante de lo que se recaude vaya efectivamente a educación, y que el impuesto no se destine a mayor burocracia y la calidad del gasto público siga dejando mucho que desear. 


Posiblemente también muchos peruanos -de los que menos tienen- tendrán que "sacar pecho" y decir que reconozcan su contribución pecuniaria a la educación, mediante el ITF, porque casi nadie se salvará más aún si la bancarización obliga a pasar por las ventanillas de los bancos. 

El Ministro de Educación, o mejor su próximo sucesor, podrán decir que gestionan una mayor partida para su sector; aunque sea sólo para cubrir en el 2004 el aumento para los maestros; mientras el Ministro de Economía seguirá pensando que a él no le corresponde liderar la política educativa, porque está más ocupado en crear confianza entre los inversionistas. Pero como el ITF es insuficiente apúrense en sacar otro parecido, porque la emergencia educativa no empezó este año; dura ya mucho tiempo, y en tanto el paciente se resiste a morir sus peligrosas secuelas continúan aumentando.


(*)
 
Periodista percyaquino@yahoo.com 


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